lunes, 25 de septiembre de 2017

¿Seremos capaces de hacer de la crisis en/con Cataluña una oportunidad de mejora para todos o preferimos sucumbir al morbo de dejar que los trenes choquen para ver quién pierde más?



Magnífica la entrevista de Jordi Évole a Puigdemont ayer en la sexta (como lo fue en su día la que hizo a Rajoy). Lamentable la urgencia de contraprogramación por parte de TV3 y los mensajes que circulaban por las redes sociales ayer en Cataluña haciendo una llamada desesperada para que, coincidiendo con el programa de la Sexta (Salvados), los catalanes optasen mejor por ver un programa especial sobre el referéndum de la cadena autonómica. Lógicamente la entrevista a Puigdemont ya estaba grabada con anterioridad y era consciente de que no había salido muy bien parado.

Debemos frenar cuanto antes la escalada de tensión y actuar con responsabilidad políticos y ciudadanos. Aunque por mi parte ya adelanto que haré responsables en un 99% de cualquier cosa negativa que pueda ocurrir a los miembros de los dos gobiernos que, cegados, echan leña a sus locomotoras pensando quizás que quién vaya más rápido saldrá mejor parado tras el choque… ¿Quién es tan iluso para no pensar que en un choque frontal a gran velocidad, por mucho que uno salga mejor que otro, todos van a salir perdiendo?. En este caso perderá Catluña, perderá España y también perderá Europa.

Pienso que los catalanes deben poder votar para decidir sobre su futuro. De la misma forma que no querría que mi pareja estuviese a mi lado porque exista un papel firmado o matrimonio que así lo establezca, sino que deseo que lo haga porque cada día que se despierte así lo sienta, ese es el reto de la convivencia en pareja, de esa misma forma creo que los pueblos deben permanecer unidos bajo un marco común elegido por ellos no porque ninguna ley o constitución le impida lo contrario, sino porque realmente así lo sientan sus ciudadanos, ese es para mí el reto de la convivencia en democracia. Lógicamente ya no hablamos de dos, y esto implica leyes que se deben cumplir y normas de convivencia, establecer cuáles son los porcentajes necesarios para tomar una u otra decisión, los plazos en los que esas decisiones deberían revisarse, etc. Mucho más complejo, sí, pero posible, con suficientes garantías y en mi opinión muy deseable. Para nada creo que el referéndum convocado en Cataluña ni los acontecimientos a los que asistimos en estos días vayan en esta dirección. Un referendum que no se va a celebrar y que posiblemente sea la excusa, tras la esperable respuesta del Estado para detenerlo, para una declaración unilateral de independencia. Tristemente no veo solución al conflicto desatado que no pase por que existan nuevos interlocutores tanto en el gobierno de España como en el de la Generalitat. Sería bueno que primero hubiese nuevas elecciones en Cataluña. Y en España también deberíamos votar pronto y sobre todo pedir a las fuerzas de la actual oposición, que representan a la inmensa mayoría de los ciudadanos de este país que no están de acuerdo con que “desgobierne” como lo está haciendo el partido popular, que negocien y se entiendan. Si así lo hicieran, ni siquiera sería necesario volver a votar tan pronto para que Rajoy dejase de gobernar. Estoy totalmente de acuerdo en que debemos renovar con urgencia nuestra constitución, que hace tiempo que se nos viene haciendo pequeña en algunas cuestiones, no sólo para que en Cataluña se pueda convocar un referéndum legal, sino para que todos los españoles podamos tener otro buen puñado de años de progreso sin tener que cuestionarnos cada día lo esencial. Incluso si hiciera falta, aunque sé que para ello costaría mucho más encontrar consensos suficientes, yo estaría encantado que en este país pudiésemos debatir con altura de miras y sin prejuicios sobre la conveniencia o no de mantener la monarquía y de renovar una bandera que no acaba de favorecer el sentido de unidad como creo que sería deseable. Hay que condenar de una vez por todas el franquismo, recuperar la memoria histórica y dar carpetazo social a todo lo que fue la dictadura iniciando una nueva etapa en la que todas las heridas hayan quedado sanadas. Tenemos que hacerlo, hay que ser valientes, decididos y sobre todo no caer en la pereza y pensar que ya estamos bien como estamos…porque la realidad nos dice que no lo estamos. Como dicen los psicólogos, para cambiar lo que no nos gusta es necesario salir de la zona de confort. Tenemos ahora mayores motivos y una oportunidad para hacerlo. Empecemos por donde queramos, prioricemos o abordemos todo en su conjunto, pero necesitamos oxigenar nuestra democracia con urgencia.

Dicho esto, tengamos claro que todo debe hacerse con mucha responsabilidad, en los plazos necesarios, con acuerdos y consensos suficientes, con debates profundos y sosegados que nos permitan a los ciudadanos eludir la fácil manipulación a la que se nos somete a diario. También podríamos aprovechar este proceso previo de maduración y planificación de los cambios para configurar una imagen de futuro del país que queremos ser, porque está claro que actualmente nuestros partidos políticos no sólo difieren drásticamente en la forma de llegar, sino también en la imagen de país que se quiere, y eso dificulta mucho los acuerdos y despista a los ciudadanos. Cuanto más cerrado le dejemos este tema los ciudadanos a nuestros políticos, mejor. Y podemos hacerlo, y resultaría un proceso apasionante y motivador. En cierto modo en Cataluña es lo que han hecho con el "procés", aunque no tan de abajo hacia arriba como a mi entender sería deseable.

Esta manido lo que voy a decir, pero es totalmente cierto, toda crisis ha de verse en positivo y como una gran oportunidad. Esta que se está viviendo en/con Cataluña también. El conjunto de españoles podemos aprovechar ese desencadenante, esa enzima catalizadora para poner en marcha los procesos de renovación de nuestra sociedad y nuestras normas de convivencia que acabo de comentar, y que tanto se necesita para mejorar muchas cuestiones más que no tienen nada que ver con el encaje de Cataluña en España. No se trata de abrir la caja de pandora de la constitución por culpa de los catalanes y para solucionar un problema suyo, se trata de abrirla gracias, en buena parte, a los catalanes y para solucionar problemas de todos, visto así ¿no es verdad que gran parte de la fractura social generada se disipa al instante? Creo que también deberíamos aprender mucho unos de otros, y en este caso particular, muchos españoles no catalanes de los que sí lo son y viceversa, porque seguro que todos tenemos grandes cosas que mejorar. Por ejemplo, me gustaría, como español y andaluz en mi caso (aunque actualmente resido en Cataluña y mi pareja y mis hijos son catalanes), que aprendiésemos de la capacidad de los catalanes y su "procés" para generar ilusión y motivación por mejorar en la sociedad, por asumir con mayor interés la parte de responsabilidad de los ciudadanos en que las cosas cambien. Me gustaría que en Cataluña también se sintiese que en el resto de España hay muchas cosas de las que se puede aprender y que juntos ganamos todos (muchas veces he imaginado el potencial del ingenio andaluz unido a la capacidad de emprendimiento catalana). Los nacionalismos son egoístas (sea español, catalán o el que sea), es incompatible el nacionalismo con la solidaridad, por mucha campaña de estética para camuflarlo que se quiera hacer, sus principios entran en conflicto con derechos humanos...Si me preguntasen cuál sería mi bandera respondería que una en la que apareciesen el Sol y todos los planetas del sistema solar, destacando a la Tierra. De momento es donde vivimos todos los seres humanos y esa debería ser nuestra mayor patria. Saber cuidarla y aprender a convivir todos en ella ya es el mayor reto que tenemos por delante como humanidad. A partir de ahí, si cada territorio, llámese país, nación, región, municipio o pedanía, quiere tener su propia bandera, para identificar unos límites geográficos, una cultura, un idioma, una historia…me parece bien, yo no las necesitaría, pero tampoco veo inconveniente siempre que el rumbo de nuestras vidas, nuestras libertades y nuestros derechos no los marque ese trozo de tela o unos colores, sino que los marquen el sentido común, la solidaridad y la convivencia en democracia. Esto es para mí lo importante, el cómo organicemos todo eso administrativa, jurídica y políticamente me da igual si la máxima se cumple. Puede sonar utópico e ingenuo, pero creo que es el camino a seguir, el que personalmente intento y quiero recorrer y enseñar a recorrer a mis hijos. 


En el corto plazo pediría ahora una reflexión a todos, apaguemos las televisiones y apartemos la mirada y el oído de los medios de comunicación por unos minutos. Reseteemos nuestras conciencias, tiremos de nuestros principios y valores personales y a partir de ahí pensemos hacia dónde estamos yendo, las consecuencias que ello puede tener y si es realmente lo que mejor consideramos para nuestro bienestar en el futuro. A partir de ahí que cada cual actúe en consecuencia, pero al menos creo que deberíamos hacer un alto en esta espiral descontrolada. Ojalá esto también lo hicieran nuestros máximos responsables políticos apartando también de sus pensamientos sus intereses partidistas, personales y sus egos. De todas formas, si no lo hacen, podríamos ser los ciudadanos los que nuevamente les demos una lección de democracia y convivencia.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Trump, un líder para una crisis planetaria.


La victoria de Trump no debería soprendernos tanto aquí en España, donde votamos en mayoría a un partido corrupto que gobierna para los privilegiados. No se trata de comparar, pues no es comparable, pero si de hacer ver que tanto una cosa como otra reflejan sencillamente la creciente carencia de valores y el incremento de la desesperación, que hace caer en los populismos o en las recetas fáciles o cortoplacistas cada vez a más gente. Primero nos desarman robándonos la capacidad y el hábito de pensar (televisiones, medios, publicidad, incluso ofertas de ocio que nos idiotizan), nos dan algunas bofetadas que nos hagan sufrir y caer presas del miedo (crisis económica, terrorismo, inestabilidad mundial, etc.) y a partir de ahí a esclavizarnos y vivir a costa de los pueblos...¿Lo peor?, cuando ya no tienen mucho más que robar a sus ciudadanos y deciden robarse entre ellos, pues entonces nos envían a sus guerras.

lunes, 24 de octubre de 2016

Abran los paraguas que llega la tormenta de elogios al PSOE




A partir de hoy prepárense para ver a todos los medios que al servicio del capital (LA RAZÓN, ABC, EL PAÍS, etc.) elogiar a diestro y siniestro la decisión del PSOE. El PP por supuesto también, aunque mantengan "rifirafes mediáticos" para disimular. No hay más que ver hoy el programa "Los Desayunos de la 1" abriéndole la puerta grande al PSOE y a Ramón Jaúregui anunciando la gran oposición que van a hacer, y revelando que van a trabajar para solucionar el "problema de Cataluña"...¿va a gobernar el PSOE, el PP, quién?, lo mismo con tanto follón ando liado...Lo mismo hasta se han confundido también todos los militantes socialistas que están atónitos con todo lo que acontece en el partido al que han apoyado y en el que han confiado para dirigir este país desde sus ideas y convicciones... Ver a Ramón Jáuregui diciendo que Podemos es un partido cuya única misión es destruir al PSOE, ignorando de forma deleznable a sus millones de votantes y a la mucha gente que (lo hagan fenomenal, bien, mal o peor incluso) están en ese partido con la mejor voluntad de cambiar y mejorar las cosas en este país...es ver a uno más de los que fueron grandes y muy respetados, sin duda, rebajándose al estilo "González" a defender con torpeza nostalgias del pasado, a no entender que España ya no es la misma en la que ellos fortalecieron sus ideas y formas... Produce mucha tristeza ver a buenos socialistas tirándose a la piscina de las miserias del PSOE...
...Y nosotros nos creeremos todo lo que nos digan ellos ahora (MEDIOS-PP-PSOE), JA, JA, JA...
JA...
JA...


miércoles, 22 de junio de 2016

Motivos para ilusionarse y votar a UNIDOS PODEMOS.



En su artículo del 21 de junio en Diario Público, José Vicente Barcia da cuatro motivos para votar a la coalición de Unidos Podemos. Yo añadiría o enfatizaría sobre alguno. Me parece de extrema importancia que Unidos Podemos representa la única esperanza para que el medio ambiente tenga cierto peso en la política, gracias además a la presencia de EQUO en la coalición. Y esto no me parece tremendamente positivo por defender utopías de naturalista ingenuo, sino por caminar hacia el único futuro que nos es posible a tod@s (y digo caminar, porque alcanzar las metas en un mundo global no va a depender sólo de nosotros, lamentablemente). Otro motivo importante es el de la propia ilusión. La fuerza de la ilusión de una mayoría de la ciudadanía puede hacer cambiar las cosas con mucha más facilidad y rapidez (lo vivimos en el 82 con el partido socialista de entonces). Porque nadie debe dudar que el motor de cambio no sólo puede funcionar con la gasolina de nuestros políticos, sino que es imprescindible la gasolina que aporte cada ciudadano entusiasmado, con una actitud proactiva y constructiva. Creo que nadie duda tampoco a estas alturas que la política necesita de una regeneración profunda y los ciudadanos necesitamos poder ilusionarnos con un escenario futuro de país (a corto, medio y largo plazo). No encuentro que las propuestas de ningún partido generen esa fuerza salvo Unidos Podemos. No digo que otros partidos no generen cierta ilusión entre sus votantes, que de lo contrario no les votarían, pero no creo que sea una ilusión tan vitalista y transformadora, y en muchos casos, más que ilusión quizás generen sensación de seguridad ante los muchos miedos aireados por sus propias fuerzas políticas...o quizás el miedo a perder una posición privilegiada. Y lo lamentable en este caso es que la mayoría de esos miedos aireados carecen de una base real o si se trata de riesgos, estos pueden afrontarse bajo diferentes prismas ideológicos y de solución. En definitiva, no soy de los que han alentado en otras ocasiones el voto hacia una u otra formación, mantengo mis ideas y las confronto con las de los demás (desde una posición cómoda de libertad de opinión) y con las de los diferentes líderes políticos o las de sus formaciones, y con eso mis ideas se afianzan o evolucionan. Pero en este caso, siento que hay un proyecto ilusionante que abre una ventana de posibilidades de futuro para este país muy esperanzadora y que merece la pena atravesarla, pues no me cabe duda que serán muchos más los cambios a mejor que los errores que se cometan. Si somos capaces de forzar como ciudadanos un gobierno del cambio, eso significará que hemos cambiado positivamente en un primer paso como sociedad, y eso ya es un valor en sí mismo y tendrá cierta capacidad de diluir y reconducir errores que puedan cometer nuestros próximos dirigentes. El paso de los años dirá si la nueva opción política que representa Podemos y sus coaligados tiene largo o corto recorrido, si acabarán como ese PSOE del 82 actualmente, descafeinado, dividido y con lastres de corrupción a sus espaldas, o mantendrán más años sus capacidades y valores. Pero no me cabe duda que el país necesita al menos esa primera oleada de cambio imparable que limpie y desinfecte la política y las instituciones. La oportunidad se abre el próximo día 26 y creo que no podemos permitirnos desperdiciarla. Un tren hacia un futuro esperanzador y más sostenible está a punto de partir, ¿lo cogemos?

martes, 14 de junio de 2016

Todos los partidos han perdido el debate electoral en el que verdaderemente nos jugamos nuestro futuro y nuestro bienestar.

Ya lo he reiterado en varias ocasiones, pero no me pesa insistir en ello. Ni este país ni ningún otro  estará apostando por un futuro prometedor y de verdadero progreso, digno del siglo en el que vivimos, hasta que las cuestiones ambientales y de sostenibilidad de nuestros modelos de vida no ocupen buena parte de los debates electorales (los de los medios y los de la calle también) por la importancia que realmente tienen. Me cuesta y me duele tener que aceptar que tengamos que esperar a otra nueva era política, otra nueva ola de cambio para que ello se produzca, entre otras cosas porque no nos lo podemos permitir y porque pocas veces se abre una oportunidad como la que tenemos ahora, al menos en nuestro país, pero también porque eso me indica que mantenemos niveles de ignorancia aún muy elevados, y que aún falta demasiado sentido común y cordura en nuestras sociedades.

domingo, 6 de marzo de 2016

Más allá de intereses y quereres




En esta ocasión os invito a leer este interesantísimo y profundo análisis sobre la actual incertidumbre electoral y la viabilidad de los posibles pactos que ha realizado Joan Corominas Masip, y que ha tenido la deferencia de publicarlo en este blog.

(En el caso de no poder visualizar bien las tablas, situarse sobre la misma, pulsar el botón derecho del ratón y elegir la opción "ver imagen".)


Estamos estrenando una situación del final del bipartidismo surgido de las diferentes elecciones desde el inicio de la transición, incluso del bipartidismo imperfecto y dándonos de bruces con el cuatripartidismo surgido de las elecciones del 20D.


Ha pillado con falta de experiencia y entrenamiento a los grupos políticos para resolver los pactos necesarios para conseguir el acuerdo entre diversos partidos que permitan una mayoría parlamentaria viable, y estable, propia de un sistema democrático representativo.


En las legislaturas iniciadas con las elecciones de 1982, 1986 y 1989 el PSOE obtuvo la mayoría absoluta, igual que el PP en las de 2000 y 2011. En las demás el partido que consiguió la mayoría parlamentaria obtuvo entre 156 y 169 escaños, completando con acuerdos de investidura fundamentalmente con las minorías nacionalistas de derechas.


La única ocasión en que el partido gobernante no consiguió una mayoría absoluta de origen o pactada fue en la legislatura de 2008 en la que el candidato del PSOE resultó elegido en segunda convocatoria con una representatividad del  48,3% del Congreso.

 
Fuente: elaboración propia

Predecir la viabilidad y estabilidad de las coaliciones de gobierno no es tarea fácil al interactuar los intereses y posiciones ideológicas de los partidos que apoyan al gobierno y los que forman la oposición, sobre los posibles acuerdos que obtengan la representatividad requerida.


Los intereses de cada partido están muy ligados a obtener la mayor cuota de poder actual o futuro, y su valoración por cada fuerza política utiliza, desde su interpretación de los distintos escenarios, la teoría de los juegos.


La posición ideológica de cada partido influye, más o menos decisivamente, en la formación de coaliciones de gobierno y oposición. Una manera de cuantificar la posición ideológica de las coaliciones es ponderar en función del número de escaños que aportan las fuerzas que se coaligan, y las que se oponen, la posición ideológica que los ciudadanos otorgan a las diferentes fuerzas políticas en los sondeos electorales del CIS (entre 1 para las posiciones de extrema izquierda y 10 las de extrema derecha)


He elaborado un índice de viabilidad del pacto de gobierno, que tiene en cuenta la diferencia de votos a favor del mismo menos los que están en contra, dividiéndola por la diferencia de la posición ideológica ponderada de la coalición de gobierno y la de la oposición.


La condición de viabilidad de la coalición de gobierno requiere que el índice de viabilidad del pacto sea positivo, y la estabilidad de la misma aumenta  al crecer este índice. En las 10 legislaturas que se han sucedido desde la transición el valor más alto (28,3) se dio en 1982 con la victoria por mayoría absoluta del PSOE y el más bajo (3,2) en la segunda legislatura de José Luis Rodriguez Zapatero, en 2008, en la que el PSOE gobernó con pactos mayoritarios, pero que no alcanzaron la mayoría absoluta de la cámara.


Los resultados de las elecciones del 20D de 2015 reflejan que la distribución del voto mayoritario de los ciudadanos ha recaído en 4 fuerzas políticas (PP, PSOE, CIUDADANOS y PODEMOS), y con una importante delegación de responsabilidad a partidos nacionalistas en Catalunya y Euskadi. No obstante, esta rotura con el tradicional modelo de partidos mayoritarios surgido de la Transición, ha mantenido el peso de las ideologías de izquierda, derecha y nacionalista de manera muy similar a los 11 procesos electorales anteriores: se ha producido una recomposición de las fuerzas políticas hegemónicas dentro de cada grupo ideológico.

 
                     Fuente: elaboración propia

Como consecuencia la legislatura actual ha roto con el modo de conseguir mayorías estables de gobierno, introduciendo posibles alternativas de acuerdos que pueden requerir atravesar fronteras ideológicas clásicas de derecha e izquierda, o de posiciones nacionalistas (unionistas o separatistas), creando un puzle de complicada resolución. Se ha visto claramente en la primera votación de investidura de Pedro Sanchez (PSOE con apoyo de CIUDADANOS) en la que la han apoyado 130 diputados y la han rechazado 219.


Complica, hasta en algunos casos hacer imposible los pactos, la aparición de líneas rojas, reales o magnificadas, que fijan algunos partidos y que impiden ser traspasados por ellos o que las traspasen otros posibles aliados.


 
Fuente: elaboración propia

9 son las principales coaliciones que pueden desarrollarse en esta legislatura, en las que una la lidera el PP y en las demás el PSOE es la fuerza de gobierno, aunque en tres casos conduciría a un gobierno de coalición con PODEMOS. De ellas 5 presuponen pactos transversales de izquierdas y derechas, una es monocolor de izquierdas y 3 necesitan pactos de izquierdas con nacionalistas de derechas e izquierdas. La oposición sería siempre de derechas (el PP como fuerza mayoritaria), salvo en la solución conocida como gran coalición en la que partidos de izquierdas ejercerían la oposición.


De los 9 posibles pactos, 3 son inviables por no alcanzar más apoyos a favor que en contra (índice de viabilidad negativo). Las líneas rojas establecidas por todos los partidos en alguna o varias coaliciones posibles impediría 6 posibles pactos de gobierno. Precisamente los dos únicos pactos sin líneas rojas resultan inviables: estamos ante un laberinto creado pasito a pasito por todos los partidos para inhabilitar cualquier solución.


Las líneas rojas más consistentes son las que impiden al PSOE participar en la gran coalición con el PP y CIUDADANOS, y en las dos coaliciones que requieran la abstención o el apoyo de los partidos nacionalistas separatistas con la condición previa de estos de exigir la aceptación en mayor o menor grado del derecho a decidir. Estas últimas obtendrían un rechazo aún mayor del PP y CIUDADANOS, partidos con los que inexorablemente hay que contar para una modificación constitucional que hiciera posible el derecho a decidir.


Descartadas las 2 coaliciones inviables (la primera de ellas ya fracasada en la votación de investidura de Pedro Sanchez) y las cuatro con líneas rojas insalvables, quedan 3 que deberían intentarse a partir del 4 de marzo hasta el 2 de mayo, fecha en la que estaríamos llamados a repetir las elecciones.


Se trataría de partir del pacto obtenido entre PSOE y CIUDADANOS, y conseguir la abstención del PP o de PODEMOS, COMPROMIS e IU, añadiendo aportaciones de interés para los partidos que ofrecieran su abstención. Tiene un mejor índice de viabilidad la apoyada con la abstención del PP que la que se conseguiría con la abstención de las demás fuerzas de la izquierda, lo cual no predefine su deseabilidad para el conjunto de la ciudadanía. La primera tendría la ventaja adicional de que no situaría al PP en una posición previa de bloqueo de cualquier cambio constitucional.


Un muy buen índice de viabilidad obtendría la coalición del PSOE, CIUDADANOS, PODEMOS y los demás partidos de la izquierda: hay campo de juego para llegar a cesiones mutuas que permitan este pacto de gobierno que podría revertir una parte importante de los destrozos resultantes de la crisis de 2008 (y de las políticas de austeridad promovidas para hacerle frente) y encauzar un modelo de salida de la crisis más inclusivo y sostenible. Su viabilidad exige que la barrera derecha-izquierda sea franqueable, aunque se mantengan recelos y vigilancias mutuas.


Si no se consigue alguno de estos tres posibles pactos volveremos a las urnas el 26 de junio. Probablemente la mayoría de los partidos políticos, si no todos,  están escudriñando las ventajas o pérdidas que les reportaría llegar a unos nuevos comicios y actúen en estos dos meses en función de sus expectativas futuras.


Pero también los ciudadanos contemplan con estupor y rabia que los partidos a los que han elegido no sepan, o quieran, deshacer este complicado laberinto político. Seguramente si volvieran a ser llamados a votar, la parte de la sociedad menos interesada en la política tendería a aumentar la abstención. Los que se inclinaran a volver a votar seguramente tendrían en cuenta, dentro de su campo ideológico, los esfuerzos realizados por los diversos partidos para resolver el difícil equilibrio que decidieron ellos el 20D, modificando su voto en función de esta premisa.


Algunos sondeos de opinión han adelantado que probablemente los grandes grupos de derecha, izquierda y nacionalistas permanecerían inalterados, mejorando la posición de los partidos políticos que consideren que han sido más fieles a la voluntad de los ciudadanos de recomponer nuestro sistema de partidos políticos mayoritarios y penalizando al resto. Los cambios, probablemente, no superarán el 2% del total de votos, en más o en menos, obtenidos el 20D.


Con la distribución de escaños que corresponden a cada  porcentaje de votos obtenido, fruto de la aplicación electoral de la ley d’Hont, un aumento del 2% del voto otorgado a un partido (hipótesis) conduciría a un incremento de 9 escaños y la correspondiente pérdida en el mismo 25 en otro disminuiría su resultado en otros 9 escaños. Este es el pequeño margen previsible de variabilidad del espectro político actual en un nuevo proceso electoral.


                   Fuente: elaboración propia

Hasta aquí mi interpretación del proceso de configuración de un nuevo gobierno para resolver los problemas de nuestra sociedad: salida de la crisis, reducción de las desigualdades, nuevo modelo de crecimiento económico, lucha contra la corrupción, fortalecimiento institucional y solución negociada al conflicto con Catalunya, buscando su integración, y las de todos los territorios, en una España inclusiva. Para llevar a cabo estas tareas es imprescindible actualizar y reformar la Constitución, que es tarea inexcusable para el acuerdo y acomodo de todos los partidos y territorios.


Es mucho lo que les pedimos a los partidos a los que hemos votado y que queremos que no nos defrauden: ES SU HORA, más allá de sus intereses y quereres.


Joan Corominas Masip